Intolerancia de una sociedad en decadencia

Uno sabe que desde que el judío hereje de Galilea caminó sobre la tierra, el paradigma y prototipo del predicador se establece desde el ejemplo con sus acciones y no orando o filosofando con una doctrina revolucionaria; sin embargo, aún resuenan en mi cabeza las palabras de Gandhi, cuando expresó que “la peor forma de violencia es la pobreza”. Y a ello le voy a dedicar unas líneas de mi propia experiencia con la sociedad embrutecida del NOA:

Esta mañana, mientras paseábamos a los siete perritos de casa, encontré a dos niñitos que arrojaban piedras con sus hondas para lastimar pajaritos; yo les pregunté “por qué” lo hacían, y ellos tan solo me agredieron, gritando y refunfuñando insultos que siquera son capaces de comprender (?), y amenazándome con su hermano mayor, se escondieron hasta que yo me fuera de la plaza, pues no eran capaces de darme una explicación (¡alguna vez uno de estos pendejos me dijo que los cazaba para comer!, ahí comprendí en qué clase de país nos ha convertido la democracia peronista…). Recordé entonces que ese nivel de agresividad con el que viven cotidianamente los vomita en la gran “palangana de cobre” de nuestra comunidad como éso: escoria de una sociedad ya inservible a los propósitos de la clase gobernante (que los convence con espejitos de colores…). Yo acuso a esos gobernantes que se disfrazan con la piel de una “democracia” que, desde sus inicios, se debió siempre corresponder con la educación (o al menos así lo retrataba Arístocles en su ideal de paideía), ya que el crímen y la maldad son solo “producto de la ignorancia”.

Paseo diario

Y así salgo yo con mis hijos cuadrúpedos todos los días enfrentándome a la pobreza-violencia del Barrio Terán, cuando el riesgo no solo lo corro yo o mis acompañantes humanos, que nos atenemos a las consecuencias de predicar con el ejemplo sobre los derechos de los animales; sino por la inseguridad de mis amadas mascotas y aquellas que abandonan a diario en las calles, pues también me pasó alguna vez, que unos taxistas casi me patotearon por pedirle a uno solo que “cuidara la velocidad”, porque lastimaban a los animales de la acera… El muy macho llamó por radio a sus secuaces para que lo auxiliaran ¡ya que yo, un insignificante ciudadano, le estaba “indicando” qué hacer a él: el autoproclamado amo y señor de las calles de Tucumán!

O sea que, resumiendo este informe, los derechos humanos tampoco pueden aplicarse a situaciones donde el abandono de conciencia es el común denominador para estas hordas de carniceros agremiados y agresivos, intolerantes a las sugerencias de un humilde conservador de las especies destruidas por la raza depredadora de los humanos, que solamente se interesan por sus inmediatas satisfacciones: esa es la verdadera razón por la que la clase gobernante de una “democracia” está constituída casi en su totalidad por resentidos sociópatas que ocupan sus ostentosos puestos de funcionarios para vengarse por la injusticia que les tocó vivir en sus miserables infancias…

M.·.AL.·.
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2 Respuestas a “Intolerancia de una sociedad en decadencia

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