Tucumán barbárico 2

Si algo le faltaba a nuestro Jardín de la Repúlica era la notable inconsciencia por aún permitir que el entretenimiento con animales (de los animales) sea el motivo celebrado para un día en familia. Y es que los circos que se instalan en Tucumán son tantos, que nadie imagina -ni menos desea asumir- que la reducción poblacional de perros y gatos de la calle, se debe no solo al impecable trabajo municipal de expulsión de mascotas abandonadas del radio turístico, sino también a la demanda de los oportunamente recientemente llegados circos por la carne (viva) de canes y felinos para la alimentación de sus animales de contrabando; y todo: por muy poco dinero, cosa que a una plaza como la mieserabilista local, se convierte en una oferta más que tentadora.

Lamentable, y es el país que tenemos…

M.·. AL.·.
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