Tucumán barbárico (3… y contando)

Ayer a la tarde, cerca de las 18.00 hs., camino a una reunión convocada por una compañía celular en la localidad, me encontré con una postal lamentable…

Resulta que en la peatonal de Muñecas cortando San Martín, una perrita muy pequeña, blanca con manchitas doradas, apenas podía arrastrarse usando sus dos patas delanteras, llevando por detrás, totalmente dobladas al revés de lo natural, y sangrando por sus genitales, sus piernitas traseras.

Llamé de inmediato al órgano municipal, pero no tuve respuestas; busqué el teléfono de la Sociedad Protectora, pero no lo tenía cargado en mi equipo, puesto que acababa de enviar el mío al service… Me acerqué entonces a ella, la acompañé un poco y mientras la acariciaba salió un policía de una casa de comercio de la esquina y me dijo: “¿la vas a llevar?”. A lo que le contesté que sí (o como lo entienden ellos: “¡afirmativo!”), puesto que si esperaba algo de los organismos a cargo, debía hacerme a la idea de acampar en aquella vereda con la perrita.

Finalmente llamé a mi vet de confianza quien me esperaría a que se la acercara.

El diagnóstico no fue nada bueno. Esa “actitud de foca” como la conocen ellos, se debía a un caso neurológico. Evidentemente la perrita, o escapándose se enganchó en alguna verja, o la habían golpeado en la columna (algún imbécil con la capacidad suficiente como para levantar un palo o hueso, tipo 2001 Space Oddisey), o había sufrido un choque que le había dejado alguna de las vértebras apretando sus nervios… La verdad es que eran muchas las posibilidades causantes y pocas las de desenlace, porque la pobre viejita estaba toda ensangrentada (como yo, por cargarla hasta la cochera) ya que su condición física no le permitía hacer sus deyecciones. A ello había que sumarle que cuando la revisó, la perra al no poder defecar, vivía sus últimos momentos en esta encarnación…

Ahora me pregunto: traté de reflexionar toda la noche, y aún así, no puedo sacarme su mirada de mi alma. ¿Hasta cuándo estaremos sin un servicio de socorro para los canes y mascotas? Sin contar, por supuesto, con la voluntad de los funcionarios públicos: tampoco con la solidaridad tucumana que comoprobé entonces, cuando al verme cargar la perrita solo suspiraban “ay, pobrecita” sin siquiera acercarse demasiado para quizás no mancharse de sangre, o piojos, o pulgas…, concluyo que cuando uno tiene un verdadero impulso o vocación de servicio, ¿qué nos tiene tan aislados, o solitarios y desperdigados, que no podemos encontrarnos en un lugar común para construir esta verdadera obra de activistas proteccionistas de animales?

M.·. AL.·.

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