El Ancasti: “Metáfora del perro y la especie”

FUENTE: EL ANCASTI – EDITORIAL

«Los incontables descalabros de valores que pesan sobre la especie, hacen sentir los resbalones de la decadencia. Resbalones que agobian la resistencia del espíritu y lo menoscaban. Disipada toda huella de emoción, en el hombre se consolida la intolerancia. Quizás pueda seguir prosperando como especie zoológica, pero su condición dotada de espíritu racional y sensible, se derrumbará sin remedio inspirada por el desprecio. Se desprecia el género “ser viviente”. Sea éste colega humano. O cualquier otra especie de la creación.

Es curioso ver cómo cientos de perros vagabundean día y noche por las distintas calles de la ciudad. Caninos huérfanos de amo que salpican pulgas por doquier, amenazan con mordiscos y embarran el paisaje. Sanitarias o estéticas, hay razones de peso que ameritan intervención. Esos animales sólo tienen la razón del buscavidas: sobrevivir. Y nace así una colisión de intereses entre la vida y la muerte. El asunto requiere sensatez, prudencia y solvencia. No es como la maleza que se opone a la siembra. Ese tema es más escueto: la maleza se arranca. Es apremiante que autoridades y especialistas intensifiquen las cruzadas de concientización sobre tenencia responsable de mascotas. Las ONG intervinientes requieren apoyo oficial y privado en materia de donaciones, desde infraestructurales hasta alimentarias. Urgen campañas de vacunación y esterilización. El Estado no puede hacer la vista gorda ante problema tan obeso. Aunque los perros vaguen flacos.

El domingo pasado, en inédita actuación, la Justicia de Catamarca ordenó el rescate de una perra dogo en estado de desnutrición extrema. “Después de recibir el llamado, nos fuimos a la casa y pudimos observar a la perra, y realmente daban ganas de llorar por el estado en que estaba. Su estado era cadavérico, sin agua, sin comida, el pelaje lastimado por la sarna, y como no contestaba nadie hicimos la denuncia”, manifestó Mariela Musir, abogada de la Asociación Protectora de Animales, quien radicó la presentación en Fiscalía, luego de infructuosos intentos por obtener una respuesta de parte de los propietarios del can. Por su parte, la presidenta de la entidad, Liliana Tula, aclaró que una vez recuperado, intentarán reubicar el animal en un nuevo hogar.

Además, si el fiscal actuante resuelve continuar el trámite de la causa penal, a los ex propietarios podría corresponderles pena de prisión de 15 días a un año por ocasionar malos tratos y/o actos de crueldad. El art. 2 inc.1 de la ley respectiva considera actos de maltrato, y por tanto delito, al hecho de “no alimentar en cantidad y calidad suficiente a los animales domésticos o cautivos”.

Resultan destacables el accionar de la Asociación Protectora de Animales y la rápida respuesta de la Justicia. La novedad debiera ser fuente de motivaciones varias. El ejemplo debe replicarse en cientos de ámbitos donde no sólo los animales sufren la inercia del ser humano.

Un minucioso y paulatino desmantelamiento de buenas intenciones llevó la ciudadanía a no ser lo que pretende ser, sino a lo que tristemente es. Abandono, desinterés, apatía, pereza, descuido, negligencia, frialdad, son vocablos de moda que legitiman la barbarie. Se sabe: los tiempos que corren imponen una creciente integración tecnológica y económica. Pero a fin de desarrollar subjetiva y espiritualmente la vida en evolución, será necesario que cobre vigencia la peculiaridad personal y cultural sin perder de vista el conjunto. Y eso sólo se conseguirá en la medida que la humanidad respete la calidad de sus problemas, que en definitiva no es otra cosa que la variable que define la madurez de cualquier población.

Por supuesto que es misión de generaciones. Pero sólo puede ser iniciada por quienes aspiren a dejar de vivir en el pasado. Vivir en el pasado es renunciar a las inquietudes innovadoras en favor de las respuestas de museo antiguo. Vivir en el pasado en perdurar en el espacio sin crecer en el tiempo. Vivir en el pasado es acabar como el dogo de la noticia: encadenados, desnutridos, cadavéricos, sin agua, sin comida, lastimados y solos. Y sin la bravura de la especie.

La realidad se vuelve metáfora. La metáfora se vuelve realidad.

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