Tucumán barbárico… 6

¿Cómo describir la situación, o mejor dicho, cómo describir al protagonista del episodio patético que viví recién sin que me caiga el INADI encima acusándome de “intolerante”? A veces dan ganas de poner sobre esta bitácora lo que uno tiene guardado entredientes, pero la impotencia por la presión “pseudocultural” y el salvaguardo de quienes escudados con los privilegios del mítico santo antediluviano Abel, lo inhiben a uno en su (re)accionar señalado por esta clase de existencia insoportable e inservible en vistas a una “(im)posible” sociedad de progreso…

Realmente estoy re-caliente con lo que pasó, una, porque no puedo decir que el n**** de m***** que tuve que re-p*tear porque pateó a un perro mientras caminaba por el tontódromo tucumano es tal, además de que ni siquiera se merecería unas líneas dedicadas en mi memoria, y dos, porque encima el muy pollerudo-cag*n, mientras escondía su rabo entre las piernas cuando me le fui al humo por lo que había hecho, y al no poder reaccionar, fue defendido por su mujerzota (… ¿y qué esperaba: patear a un perro que andaba por allí como si fuera muy macho para presumirle a eso que hacía de “novia” cual heróica hazaña sin que nadie le reclamara?). ¡Qué equivocación!, ni que yo anduviera por ese mismo “causal espacio permitiendo callado tal desgraciada y habitual injusticia… ¡No es complejo de superhéroe, faltaría más! Pero uno hace lo que hace, y forja su voluntad poniéndose a prueba ante ordinarias prepotencias de  irrepsonsables-inconscientes-malolientes-malparidos…

Pues bien, al dejarlo “blanco” por los gritos que le pegué, y mientras recibía histéricos reclamos de su muj**, única defensora de este especímen de animal humano-ide que la abrazaba (… aterrorizado, por cierto), acabé recibiendo amenazas verborrágicas de todo tipo al tiempo que críticas por la existencia de jaurías en la vía pública (!) … Claro, estos malparidos se piensan que por abrir la boca -u otras partes también- para recibir “las becas” del Estado cada vez que salen por el noticiero dando lástima de su miserabilismo, pueden culparnos o acusarnos a los pocos-locos-protectores de animales de “bárbaros”, “fanáticos” o “no atentos a ellos (… pobres, como si fuésemos culpables de su condición…)”, pues bien, entonces, y sin tocarlo a pesar de que ya no podía aguantar más mi indignación, abracé a uno de los perros que quedaban en su camino (o sea: los seguí -usando “psicología canina” al mejor estilo César Millán con energía asertiva y perseverancia, más el plus original -ésto muy disímil de las enseñanzas del sabio gurú mexicano- de una aparente “temerariedad” contra la pareja a la que seguía cada vez más de cerca a lo largo de su camino…) y lo protegí del paso de estos delincuentes ahora o-fen-di-dí-si-mos por “mi” reclamo…

Lo irónico es que el humanitario es tan confundido… ¿Pero qué derecho tenía de patearlo? ¡Vamos, los derechos: excusas para una igualdad que la humanidad no sabe cómo sostener! A dónde comienza el de uno y dónde el límite con los demás: aclarando que lo(s) demás es todo aquello que escapa a la capacidad de tolerancia del hombre moderno, o en esta jornada, de esta pareja de pel*** resentidos que se las toman con los pobres animales que caminan por la calle…

A propósito, esta jauría circulante por el microcentro de la capital tucumana es bastante numerosa, y pese a los reclamos que se hicieron al órgano municipal correspondiente (el cual, por supuesto: jamás trabaja en feriados), deambula por la arteria principal de la ciudad arriesgando su propio bienestar a manos de humanotes como los que describo…

Como nota aparte, acabé peleando con mi compañera luego de este episodio pues me recalcó que tampoco mi manera de encarar al asustado patotero de animales con mi particular manera lo educaría, pues como ella lo ilustró: tampoco la violencia anula a la violencia; que este imbécil pateara perros no justifica mi reacción “aleccionadora” pegando gritos en medio de la vía pública, pues la humillación de un tarado como éste puede desembocar en más represalias a los animales (resentimiento, venganza, impotencia le llaman), y no en la tan necesaria reflexión por parte del ahora víctima (!) de mis gritos “educativos”… Entonces pregunté si acaso debía permitir que los perros (o cualquier otro animal) siguieran siendo golpeados por sujetos así sin que yo hiciera nada… Pero ese es un tema que viene aparte durante mi reflexión, cosa que sí puedo -y con total autocrítica y humildad- voy a hacer (a diferencia del imbécil que confronté, claro… pues, ojalá me muerda la lengua equivocándome, pero ¿qué puede uno esperar de esta calaña marginada por su propia incapacidad de siquiera imaginar la compasión?).

M.·. AL.·.

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6 Respuestas a “Tucumán barbárico… 6

  1. Hay (g)etnes que no merecen ni la nota en la más recóndita neurona. La igualdad de derecho, lamentablemente, se extiende a esa especie virulenta, pandémica e infame que va en aumento, junto con la desculturalización y la desvalorización de todo aquello que hace a un “valor humano”. La “Vida”, en todos sus aspectos carece de valor para el “humanitario”. Un delincuente se convierte en un héroe y los ideales son la transgresión sobre otros, demostrando que día a día los cánones sociales van decayendo hacia un caos profundo e hiperbólico, sin sensibilidad ni respeto por la norma básica: “mi libertad termina donde empiezan la de los demás”.
    No hay castigos que valgan, no hay reglas ni leyes que puedan velar el principio sagrado que la Naturaleza -o el Gran Creador- ha ideado para el desarrollo. ¿Cómo “entender” al ser “oscuro de heces” que maltrató al perro? No es posible hacerlo, pues ha perdido todo respeto por la Vida, convirtiéndose, como una gran parte de las (los) (g)entes, en las némesis de todo Valor y todo lo Bueno.
    Sigo atribuyendo esta estrepitosa caída bursátil de los valores, de lo que convierte al humano en tal, hacia la total desaparición hasta convertirlo en el predador más poderoso e irracional, en la verdadera “pandemia” planetaria, al exceso de libertad sin haber puesto énfasis en la cultura y educación acerca de valorar el ideal de lo verdaderamente trascendente y, cabe aclarar la referencia a lo bueno.

    Según la cultura de la in-formación de los medios todos, el constante bombardeo de esa in-formación, se convierte en trascendente todo lo destructivo, todo lo que mata o viola la idea del respeto por la Vida en todos sus sentidos. El exceso de opinólogos ignorantes (con títulos o sin ellos) que creen que su razón es única y valiosa, y así van deformando todo tipo de ideas, retorciéndolas y gritándolas sin dar lugar a otras ideas y voces.

    Hay que comenzar desde abajo y no por el simple castigo, pues se corre riesgo que el victimario se convierta en víctima (es lo que siempre sucede) y la forma es empezar por limitar la televisión y -voy a lamentar lo que escribo- quizá “censurar” lo que se muestra, volver a insistir en lo básico de la sociedad y utilizar el único miedo válido para todo ser humano: “el miedo social”, cosa que desapareció casi por completo. Esa es, en mi humilde opinión, la razón por la cual los victimarios se convierten en víctimas, y las personas buenas y educadas son consideradas malas y hasta simplones u orates por la mayoría.
    Es largo para argumentar, pero simple de implementar. Es triste pero cada día ésto se parece a lo que decía George Orwell, aunque lejos de a lo que él se refería (el comunismo); simplemente estamos ante la inexorable caida y derrumbamiento de la humanidad y del planeta mismo, como testigos enmudecidos y ridiculizados en la mayoría de las veces…

  2. ¡Una genial observación, gracias! (¡… y Felicidades!)

    Te comento, mi QH, que anoche, luego de este desgraciado y olvidable episodio, me llamó causalmente JMS para presentarme un nuevo integrante del horfanato y tomar con ellos un café, ¡al que también fue invitado PRD! Realmente me ayudaron un montón, tanto como tu capacidad de detectar el epicentro de mi malestar y neutralizarlo para bien… ¡Una genial terapia a distancia, Doc! jejejeje

    A propósito ¿cómo estás en Paraguay? ¡Un caluroso abrazo!

  3. Concuerdo con Silvano. Pero tambien creo que el hombre es cruel por naturaleza, no creo que la television tenga mucho que ver, y no creo que tenga tanto que ver con la educación, que una persona que es buena, lo trae en su esencia, claro que la educación nos modifica de alguna manera para poder convivir en sociedad, así como uno puede maltratar a un animal por ignorancia, pero pegarle a un animal así porque si, demuestra una crueldad que no tiene que va más allá de esas cosas, y por eso tal vez uno no le encuentre explicación.
    Marco, creo que tu grito no fue para educar a nadie, solo se trato de una reacción ante una mala acción. Las veces que habré puteado pendejos, y no tan pendejos porque querian matar palomas, o por pegarle a algun animal, soportando despues o no, que te digan de todo. Pero es una reacción. Yo no puedo enseñarle nada a esa persona, en ese momento, pero puedo parar el sufrimiento de ese animal al menos.

    saludos

  4. Ciertamente, Gabriela, y agrdeciendo -al tiempo que prestando atención a- tus palabras, reflexiono que: no debiera tentarme con la ilusión de “educar” a los gritos (es muy soberbio de mi parte, y sería como rebajarme al nivel de la escoria marginada que se divierte con el sufrimiento ajeno), y menos aún debiera “pensar” en educación para ignorantes que con seguridad habrían escapado de la realidad (ousía) paidética de un Platón, pues no tan solo por el lejano tiempo sino también por la distancia geográfica, apuesto mi cabeza que hasta Sócrates habría dudado que en estos “entes” tucumanoides no cabría el Bien (to agathón) y que menos todavía cometen crímenes por ignorancia (a-mathía), eso sería justificar una utopía aterradora: ¡a la mierda con éstos idiotas, rezaré a los olímpicos!, la próxima vez que me desenriede la cana -si puede- cuando esté ahorcando alguno de estos “bárbaroi” locales por atreverse siquiera acercarse a un animal inofensivo…

  5. MQH
    Lamentablemente quiero coincidir contigo acerca de “la reacción” ante la acción, pues no hay otra alternativa. Ya hubieron varios intentos de recomenzar la humanidad y siempre cae en lo mismo. Es cierto que el humano es “cruel por naturaleza”, como dice Gabriela y no hay remedio, sin embargo, aún hay alguna “buena semilla” y de alguna manera podemos poner el grito, de tal manera que creo en la “educación”, pero al mejor modo totalitario; lo hemos hablado mucho ya, QH, pues hablamos de “demokratia” y tantos temas que no son aplicables a la humanidad en general. Al final, caemos en las soluciones integradoras y paternalistas (¿totalitarios?) que a su vez, por su propio análisis se erige en un salvaje medio de poder que va corrompiéndose. De hecho, el problema del “humano-cruel” es que tiene demasiado poder sobre otros seres (humanos o no) tomándose el atributo de guiar y decidir la vida de los demás (humanos o no), devaluando tal cosa y …
    Digo. Me pregunto. ¿Cómo cambiar el mundo hacia lo bueno? Esa famosa pregunta que todos quienes, de alguna manera aún confiamos en el poco sentido común, un árduo camino cuya “regla a 90 grados” debe ser lo suficientemente rígida para evitar embates, roturas y deformaciones…
    Abrazos.

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