“Hay mucho que aprender de las bestias”, le dice Drácula a Mina mientras acaricia un lobo recién escapado del Zoo…

FUENTE: LA NACIONpor LUIS INI

«Se publicaba Drácula y nacía una cultura de capa negra.

El 26 de mayo de 1897 llegó a las librerías londinenses Drácula , de Bram Stoker, la más célebre y tal vez la mejor novela de vampiros de todos los tiempos.

Autores contemporáneos como Anne Rice o sagas adolescentes como Crepúsculo reverdecieron el género, aunque con toda probabilidad nada pueda superar en influencia la historia creada por Abraham, así se llamaba, un periodista y escritor irlandés.

El Amor Nunca Muere…

En rigor, la de Stoker no es la primera novela de su clase. En la misma noche en que en casa de Lord Byron, Mary Shelley dio vida a Frankenstein , John Polidori alumbró, precisamente, El v ampiro, publicado en 1819. Años después, en 1872, Sheridan Le Fanu publicó Carmilla , cuento acerca de una mujer vampiro que los estudiosos citan como la influencia más notable para Stoker.

La novela, escrita en un estilo epistolar, se vale sólo de elementos narrativos como diarios personales, cartas y recortes periodísticos. Como es sabido, la trama gira alrededor de la lucha de un puñado de hombres contra el conde Drácula, un no-muerto que, necesitado de sangre humana, planea trasladarse de Transilvania a Londres, y allí crear un ejército de vampiros leales.

En la época de su publicación, Stoker era manager de un actor que dirigía un teatro. Las cualidades de ese histriónico personaje habrían coincidido con las características del tan elegante como siniestro Drácula, nombre que proviene del rumano y puede significar hijo de dragón . Con ese antiguo término era llamado un caballero de Transilvania, Vlad Tepes, que se hizo famoso por su fiereza guerrera, hasta el punto que también se lo apodó el Empalador.

Otro elemento de esta novela gótico-victoriana es su idea de invasión de suelo británico, subgénero que a finales del siglo XIX recorrieron con distinto tono R. Kypling, R. Stevenson, A. Conan Doyle y H. G. Wells.

Visto desde hoy, es curioso saber que, aunque la obra no fue mal recibida por crítica y público, se perdió entre una más de las 17 novelas que escribió Stoker. Incluso en su necrológica, escrita en 1912, cuando murió a los 64 años, ni aparece mencionada.

FOTO LA NACIONPero el cine la revalorizó, primero con Nosferatu, una sinfonía del horror (1922), de Friedrich Murnau, que la llamó así por cuestiones legales, aunque fue Tod Browning con su Drácula (1931) el que dio en el clavo, o tal vez sería más propio decir en la estaca, sobre todo al elegir como protagonista a un actor húngaro, cuya dicción, pelo engominado y mirada atemorizante dieron la forma definitiva e icónica del conde. Bela Lugosi, no es un secreto, terminó sus días creyéndose su papel.

Desde entonces, una inmensa cantidad de obras de todo género, e innumerables referencias, forman parte de una cultura de capa negra, cuellos palpitantes, mucho ajo, crucifijo y colmillos largos.»

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