Amigos en manada…

Uno de los emb-lemas más característicos de la amistad, es aquel que reza “un amigo jamás te abandona”. Pero es curioso, eso se aplica en una vinculación afectiva mútua, donde dos partes aportan y apartan una porción (emotiva) cada uno… Entonces, cuando decimos “el perro es el mejor amigo del hombre“, ¿dónde queda «el perro» y a-dónde «el hombre»?

Cuando más nos fijamos, menos advertimos lo fundamental de la situación que señalamos en el posteo anterior, y es que acaso la presbici-a-cultural nos hace distanciarnos al punto de tornar la mirada para el otro lado. De esa manera, cuando abandonamos al «amigo-perro», el «amigo-hombre» no-habrá-visto-de-verdad, y el otro seguramente, a falta de una razón (por falta de ra-zoo-namiento, claro), aún esperará con su parte del con-trato intacta: la constantemente afectiva

Y como el a-fecto tiene dos caras: una es la afección o afectación que pro-voca, otra el afecto que e-voca, sin dudas atestiguaremos la capacidad del “amigo” de ganar un lugar en nuestro e-fectivo (co)razón. A veces funciona. A veces, no. Y la realidad que sufren aquellos “amigos” que no pueden comunicarse con una voz que podamos en-tender, nos de-muetra que los que no cumplimos con la parte del contrato que nos co(r)-responde somos aquellos animales “que siempre tienen la razón”: los responsables por el destino del animal (… y por ende, también de la a-mistad).

Tal vez con esta re-flexión pueda e-mular una intencionalidad que ha quedado enmudecida por siglos de existencia “doméstica”, y por eso, en nombre de todos los mejores amigos del hombre, les deseo un muy «feliz día para los amigos», un día que aunque fuese solo uno, este de hoy, o quizás mañana, no sea para el abandono.

He dicho muchas veces que el abandono es muy probablemente consecuencia de la brutalidad con que se confunden las posibles interpretaciones de la concientización y el activismo voluntarioso de los proteccionistas solidarios, aquellos que se (pre)ocupan por el bienestar animal y la igualdad de derechos entre «humanos» y «no-humanos», consignas que, advertidas en una sociedad demasiado estimulada por la ley del menor esfuerzo y la comodidad patética de la a-culturalidad, convierten un buen-acto en un verdadero in-conveniente…

+ Bonn+Pero antes de terminar este artículo engranándome con una indignación amarga pro-vocada por esa indiferencia social hacia esta clase de amistad, prefiero mirar de frente (no hacia el otro lado) al destino que re-alizamos cada día que nos involucramos en la cotidianidad de la sociedad, saludando a mis muy queridos amigos de la manada, como así también, a los de todas las demás manadas.

Entonces, amigos y amigas, ¡muy feliz día!

M.·. AL.·.
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