Cortar por lo sano…

Chocolate vomita su cena al ser anestesiado para la operación quirúrgica: esto nos enseña que la preparación de este importante evento solidario debe hacerse a conciencia del bienestar de nuestros compañeros domésticos. Hoy chocolate está en perfectas condiciones recuperándose de una exitosa castración preventiva

Ayer colaboramos con la castración preventiva y solidaria de Chocolate, un personaje mítico en la cuadra del barrio, que a comienzos de 2008 (e.·.v·.·) había aparecido como un solitario cachorro abandonado con impulsos suicidas, y que, habiendo sido adoptado en la manada nuestra querida y ahora desaparecida Daisy, fue al crecer adoptado por otra familia, luego abandonado, y finalmente re-adoptado e integrado al hogar de una bella familia a comienzos de este 2011 (e.·.v·.·).

Lo más importante de este evento es que, las castraciones comunitarias son frecuentemente comprobadas como la manera más humanitaria de prevenir el flagelo de la superpoblación de animales domésticos de compañia (… y me atrevería a decir que de otras especies, pero como “humanidiosidad” aún nos faltan huevos para tomarnos en serio las cosas en beneficio de la Naturaleza), y que actuar responsablemente con este hecho desde nuestras propias casas, significa un aporte fundamental a los Derechos Animales para evitar su sufrimiento, abandono, desprecio y manipulación como el de los criaderos, fábricas de cachorros, secuestros extorsivos y demás prácticas que benefician solo al sujeto que explota a quienes no tienen una voz para defenderse.

Entonces creo que ya es hora de decir las cosas como son: si acaso creés o decis creer que amás a los animales, lo primero que tenés que hacer para validar esa sentencia que con orgullo exclamás, es tomar conciencia, y luego, actuar en consecuencia, no solo rescatando, adoptando o albergando a un animal, sino que a su vez esterilizando, alimentando y conviviendo para concretar esa práctica haciéndola una notable y noble realidad para quien depende de nuestra capacidad de solidarizarnos con aquello que alteramos como civilización(=sifilización): la Naturaleza.

Sin dudas es un desafío a la cultura y lo que creemos que “hacemos bien”. Ese bien es el bienestar del otro, y no me refiero solo al vecino, familiar o par de la especie más depredadora del Planeta, sino de aquellos que dependen de no(s)otros: los animales.

Antístenes

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