“Nosotros y los animales” via @LaGacetaTuc

FUENTE: LA GACETA – CARTA DE LECTORES

Muy buena la carta del lector Francisco Sánchez (“Animales maltratados“, del 9/01), cargada de sentido común, por lo cual podría originar una polémica. Una observación menor quería hacerle. Refiriéndose a los caballos usados para tirar carros, dice que la única paga del noble animal es su alimento y agua. Creo que habría que agregar otro “pago”, no material: el afecto. No hay que olvidar que en el diario quehacer, entre bestia domesticada y ser humano se crean lazos, surge un vínculo afectivo que, en ciertos casos, para muchos, pasa desapercibido. Se manifiesta por ponerle un nombre al animal (que muchas veces, en el caso de los caballos, es simplemente el pelaje), y llamarlo siempre así. También, por darle una palmada en el cuello o acariciarle el hocico mientras se le habla. O decirle algo cuando se lo lleva a pastar o se le acerca alimento. ¿Influye en algo llamarlo por su nombre o hablarle al animal? La respuesta a esta pregunta nos la da una investigación hecha con vacas, comenta en la sección de Empleos de la Nación (11/10/09), que transcribo textualmente en parte. Ese año se otorgó un premio al estudio realizado por científicos de la Universidad de Newcastle, “donde se comprobó que aquellas vacas que eran tratadas por su nombre y con afecto daban 214 litros más de leche por año. Los 516 granjeros que participaron de la muestra confirmaron que identificaban a todas las vacas de sus cabañas con nombres de flores o árboles, aun cuando se trataba de más de 300 ejemplares. Es imposible desperdiciar un ejemplo más contundente, a pesar de que se trate de simples vacas lecheras, sobre los resultados cuantitativos basados en una relación personalizada. Ningún gurú de este mundo podría exponer con más claridad sobre los efectos del vínculo entre dos seres vivientes”. (Dejo de lado la conclusión que se hace en la nota con respecto a las relaciones humanas en las empresas). La pregunta del millón es entonces: si surge inexorablemente una cierta relación afectiva, ¿por qué algunos carreteros maltratan a sus animales? Eso los psicoanalistas nos lo podrán explicar, ellos que saben mucho sobre nuestra parte “oscura”. Pero no olvidemos que cuando tenemos al frente a un ser viviente más débil, en cualquiera de nosotros puede surgir lo peor de nosotros. Por eso es bueno conocer esta coplilla citada en un libro sobre los prejuicios (de Allport, página 34): “Hay tantas cosas buenas en los peores de nosotros,/ tantas cosas malas en los mejores de nosotros,/ que no corresponde a ninguno de nosotros/ hablar del resto de nosotros”.

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