Maltrato animal: predictor de violencia doméstica (CPCA.org.ar)

FUENTE: CPCA – POR: NATALIA LOVECE

Un informe completo que cuenta con la colaboración del veterinario coordinador de la Comisión Ética de la Asociación de AVEPA y miembro del Consejo de Protección y Bienestar Animal de la CAM, José Capacés Sala.

En el presente, se expone una problemática en la que el común de los profesionales no se han detenido: el maltrato animal como predictor de la violencia doméstica. Se suman factores a tener en cuenta para detectar el maltrato en las mascotas, cómo los afecta, si existe la recuperación, estadísticas que sorprenden, entre otros datos de relevancia.

El profesional español abre una ventana hacia uno de los temas que –según él mismo lo explica- la moral imperante en esta sociedad “los hace invisibles, con las desagradables consecuencias que tiene darle la espalda a cuestiones tan presentes en la vida cotidiana como lo son: el sexo, la muerte y la violencia doméstica”.

Explicó que “los propios expertos en violencia de género y doméstica la llaman la “herida invisible”, y en muchos carteles de campañas de sensibilización aparece la mujer de espaldas, o con la cara tapada, para que nos demos cuenta de la vergüenza que sufren las propias victimas, sin darnos cuenta que promocionamos la idea de esconder y ocultar un tema que podemos tener como ciudadanos tan cercano como la muerte, o el sexo” y añadió que “solo las victimas de violencia de genero ocultan su “herida”, el resto del variado catalogo de vejaciones que sufrimos a diario tendemos a exponerlo en publico, para que la sociedad y las administraciones pongan remedio. Pero a la violencia contra las mujeres, los ancianos y los niños, le damos la espalda, la ocultamos y escondemos para no darnos cuenta de la degradación en que permitimos crezcan nuestros hijos”.

Por otro lado mencionó que, en general, cuando se habla de violencia doméstica siempre se incluye a las mujeres como victimas, pero no se toma en cuenta a los ancianos y los niños que la sufren en la misma medida en los hogares violentos. A esto, el profesional le agregó una mirada diferente, ya que hace hincapié en “los grandes olvidados de la violencia doméstica: los animales que viven en esos hogares” y argumentó que “nadie duda a estas alturas de los vínculos de afectividad que se crean entre los miembros de una familia y el perro o gato que convive con ellos. Unos vínculos que les hace sufrir y llorar cuando enferman o mueren. También están ocultos, y son muchos los propietarios que se desahogan de su pena llorando en nuestras consultas, ya que sabemos escucharles y comprendemos su dolor. Se quejan que ni en sus círculos más próximos entienden esa pena”.

Al preguntarle acerca de las características de ese vinculo de afectividad entre la mascota y la familia, Capacés Sala respondió que “nadie duda de los vínculos de afectividad que se crean entre los miembros de una familia y la mascota que vive con ellos. Las familias conviven con las mascotas humanizando esta relación, y son consideradas como un miembro más, pero con el condicionamiento de que las ven como una parte débil a la que hay que proteger y educar como a los niños. Las mascotas, en el caso de los perros, nos ven al grupo familiar como una manada, que es un grupo de individuos que comparten un territorio y que se organizan de forma jerárquica, por lo que necesitan identificar la presencia de un líder, que es el que le va a proporcionar el alimento y protección frente a otros individuos que pretendan introducirse en el territorio o en la manada. Por tanto, sentimientos humanos como: afectividad, odio, venganza, pena, etc., no existen en los perros”. Él además detalló que “los perros necesitan identificar un líder que les proporcione: alimento, cobijo, ejercicio, protección, cuidados sanitarios. Bienestar, utilizando una sola palabra. Cuando la presencia de la estructura jerárquica no existe, por un exceso de apego, maltrato, etc., el perro tiende a cubrir esta necesidad de liderazgo, y es cuando se producen alteraciones indeseables en su comportamiento, que las personas las pueden identificar con sentimientos o valores que los animales no tienen”.

Por otra parte, explicó que en ese circulo familiar, los niños maltratados suelen cometer maltrato en contra de los animales. En este aspecto indicó que “el 30% de los niños que viven en entornos violentos, según estudios realizados, también habían maltratado animales. Algunos niños imitan los comportamientos de violencia en el entorno familiar, ya que es un modelo, para ellos, de vida normal. Estos niños pueden agredir de forma oral o física a otros niños, su madre y hermanos y adultos vulnerables o a la mascota para ejercer una forma de chantaje emocional en el entorno familiar, o como violencia redirigida por el enojo que sienten hacia sus padres”.

Para comprender en profundidad el tema, el veterinario español se detuvo para definir el concepto de maltrato y lo definió como “falta de bienestar” y agregó que “una sencilla clasificación del maltrato sería: el maltrato por ignorancia o indirecto y el maltrato intencionado o directo. En el maltrato por ignorancia o indirecto, una persona, en este caso el niño, sin interés por hacer daño al animal, le priva de sus necesidades básicas: agua, alimento adecuado, cobijo, atención sanitaria. Estas situaciones se pueden corregir con una importante labor pedagógica del veterinario. Este tipo de maltrato no proporciona satisfacción a la persona que lo infringe, y se puede corregir. Solo en caso de que se repitieran estas situaciones, a pesar de las indicaciones dadas, podríamos clasificarlo como maltrato directo o intencionado. En este maltrato intencionado o directo, las personas que lo practican obtienen algún tipo de satisfacción, y suele ser indicativo de algún problema serio de comportamiento en el niño, que debe ser estudiado y tratado”.

Describió que las víctimas de la violencia doméstica “ocultan su dolor en su entorno por temor a no ser entendidas, cómo van a comunicar el pesar que sufren por su animal de compañía que a su vez es agredido, como preámbulo al maltrato que van a sufrir ellos y ellas. En los hogares violentos, los animales son utilizados y maltratados de forma habitual con la finalidad de amenazar o intimidar a los niños, mujeres, y ancianos de la familia”. De esta manera, desde 1987 la American Psychiatric Association (APA) ha agregado la crueldad hacia los animales a la lista de criterios diagnósticos para desordenes de conducta el DSM-IV, asegurando que el maltrato a animales puede ser, un factor predictor de la violencia hacia humanos. La crueldad hacia los animales se define como un comportamiento socialmente inaceptable que intencionadamente causa dolor innecesario, sufrimiento, o distrés hacia y/o muerte de un animal (F. Ascione, 1993)

Refugios para animales

Capacés Sala aseguró que en muchas ocasiones, este maltrato se hace principalmente para poder ejercer el poder y la dominación sobre la victima a través del chantaje: “Si no haces esto, mato al perro” o “Si me abandonas, mato o regalo al gato”. En ocasiones, la mujer ha podido escapar, pero su pareja maltrata al animal que ha quedado en casa, con el fin de forzar su regreso o castigarla por haberse ido. Y el que el animal permanezca en la casa es un factor que hace que se prolongue más la estancia de la mujer en el hogar, aumentando los riesgos de maltrato. Muchas veces, las víctimas soportan el maltrato en el hogar para no abandonar a sus mascotas y es por ello que en la Comunidad Autónoma de Madrid, se trabaja en la información, concienciación y desarrollo de programas de colaboración con casas de acogida de mujeres víctimas del maltrato, agentes de la autoridad, asistentes sociales, ayuntamientos, asociaciones de protección animal y demás colectivos implicados, se han ido implantando este tipo de alojamientos temporales para animales que viven en entornos violentos, facilitando la salida del hogar de las mujeres víctimas del maltrato.

El funcionamiento de esos hogares “no es fácil”, ya que “el anonimato es imprescindible en este tipo de alojamiento. En los albergues habilitados, por ley, es obligatorio el llevar un libro de registro de entradas y salidas de animales, en el que quedan registrados el nombre y domicilio del propietario, que en muchas ocasiones es el del maltratador. Esto hace que fuera sencillo saber donde está alojado el animal y conseguir después localizar a la mujer. También es frecuente que el maltratador exigiera la devolución del animal, al demostrar mediante el microchip de identificación su propiedad. Al no existir mandato judicial, solo la buena voluntad y hacer de estas instituciones mantienen el anonimato de estos animales. En sus protocolos de admisión existen unas plazas reservadas para estos animales, y alertan al personal de estas dramáticas situaciones. El ayuntamiento de Madrid, a través de sus servicios veterinarios de protección animal, son pioneros en este tipo de refugios seguros”.

Circulo de violencia

En los casos de violencia doméstica, la persona que maltrata a la mascota es el mismo que maltrata a los demás miembros de la familia. El agresor generalmente comienza con abusos verbales hacia los miembros de la familia, continua arrojando o golpeando objetos, y su nivel de violencia aumenta al maltratar a la mascota del hogar, y termina por cometer actos de violencia contra la mujer o los hijos.

Para España estos conceptos del maltrato a los animales en un contexto de la violencia doméstica es un campo de estudio novedoso y no desarrollado, que proporciona valiosas informaciones para elaborar estrategias en la ayuda de las victimas de la violencia doméstica.

Al hablar sobre la violencia doméstica, se debe citar “el circulo de violencia”, el cual es cíclico y difícil de cortar. En el mismo existe un período de negación por parte de la víctima de esa violencia en el que considera que “él va a cambiar”. Al consultarle sobre los casos en los que la víctima es el animal, si existe esa negación por parte del resto de los integrantes de la familia, Capacés Sala afirmó que “en el entorno familiar o la mujer no mencione o identifique el maltrato como un problema, no quiere decir que no exista violencia doméstica. Puede ocurrir que en determinados entornos no sean conscientes del problema. Y reconocer el problema es un paso fundamental” y aclaró que “el agresor maltrata a la mascota como instrumento para hacer sufrir a la familia, y hacerles responsables de ese comportamiento, el miedo a que prosigan los maltratos a otros miembros de la familia, anula su voluntad. Otras muchas veces, porque vienen de familias víctimas de la violencia, y piensan que es un modelo de vida normal para ellos, es el único modelo de familia que han conocido y lo repiten”.

Consecuencias sobre el animal

El Coordinador de la Comisión Ética de la AVEPA ahondó en las consecuencias que ese maltrato puede recaer sobre la mascota y aseguró que “hay signos presentes en el animal que nos deben tener expectantes frente al maltrato. La presencia de uno o más signos, además de las lesiones que puedan presentar, nos deben alertar y estar preparados para lo mejor y lo peor. Debemos tener en cuenta que en muchas ocasiones es un maltrato por ignorancia u omisión, y una buena labor pedagógica ante el cliente por nuestra parte, puede solucionar el problema”. Citó como ejemplo los siguientes: Daños inexplicables, y cuando la anamnesis del caso no pueden explicarlo. Cuando el estado general del animal es malo, pelo sucio, delgadez o obesidad, nudos y heridas en pelaje. Fracturas antiguas en costillas, presencia de perdigones o quemaduras en la piel, lesiones internas como fractura de bazo u otras vísceras, que el propietario no sepa explicar, o que no le dé demasiada importancia, suelen presentar un retraso en demandar ayuda veterinaria. El animal puede presentar un patrón de comportamiento inadecuado: miedo al propietario, respuesta a la amenaza exagerada, timidez, agresividad al contacto, se esconden, falta de expresión del animal, entre otras.

Otra pregunta obligatoria es si ese animal que ha sido víctima del maltrato, puede recuperarse y, en este sentido, destacó que “una vez diagnosticado el problema, e identificados los signos y cambios de comportamiento que presenta el animal, se puede aplicar una terapia de comportamiento en el nuevo entorno del animal que le devuelva la confianza en el ser humano, ya que el no entiende que lo maltrate quien debe protegerlo” y aclaró que “en un entorno adecuado y con los cuidados y terapias adecuadas, dada la naturaleza del animal que considera al hombre su protector y amigo, si los malos tratos no se han prolongado mucho en el tiempo, estos animales se pueden recuperar y volver a disfrutar de una familia / manada en la que se sienta tranquilo y pueda desarrollar sus habilidades y comportamientos naturales”.

Cifras impresionantes

El miembro del Consejo de Protección y Bienestar Animal de la CAM brindó algunas estadísticas y comentó que “actualmente, ya existen algunos estudios científicos sobre violencia doméstica y crueldad hacia los animales, que vierten cifras impresionantes y que deberían inspirar acuerdos de colaboración entre distintos grupos para resolver los casos de violencia doméstica desde todos los ángulos, estos estudios que dan cifras muy similares, están realizados en casas de acogida para mujeres maltratadas del Reino Unido, Canadá y Estados Unidos:

El 70% de las mujeres que tenían animales de compañía, afirmaron que su pareja (el maltratador), había amenazado, herido o matado a su animal.

El 85% de mujeres que acuden a una casa de acogida, hablan de incidentes relacionados con animales de compañía.

El 63% de los niños acogidos, hablan de incidentes relacionados con maltrato a animales de compañía.

En el 83% en su experiencia las casa de acogida, han observado la coexistencia de violencia domestica y crueldad hacia los animales.

El 94% de las mujeres con animales de compañía, dijo que si hubieran tenido un sistema de acogida de sus animales, hubieran escapado de sus hogares mucho antes.  /CPCA.ORG.AR

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