La sensibilidad ejemplificadora de #BradPitt por @vgarciasotelo | #derechosanimales #adopción #solidaridad

FUENTE: MDZ On Line | POR: Lic. Viviana García Sotelo

En septiembre de 1996, la prensa mundial giraba su cabeza hacia Mendoza y seguía los pasos del famosísimo Brad Pitt. Es que el actor norteamericano llegaba a nuestra provincia para filmar la mayoría de las escenas de la película Siete años en el Tíbet. De aquella experiencia hay una historia que muy pocas personas conocen porque, precisamente, el mismo actor pidió que no se contara hasta que no se hubiese ido del país. Pitt recogió de la calle unos 15 animales vagabundos, la gran mayoría perros, uno de ellos se lo llevó junto con un gatito mestizo abandonado, previa desparasitación y castracción. El resto los regaló con una foto autografiada.

El 18 de septiembre del 96, el avión privado de Brad llegaba a Buenos Aires. Aún sorprendido por la cantidad de fanáticos que en este país tenía, el carilindo actor intentó refugiarse del asedio periodístico, y tras permanecer algunas horas en la capital, partió con rumbo a Mendoza. Por aquel entonces tenía 32 años y estaba de novio desde hacía algún tiempo con la sensual Gwyneth Paltrow, quien arribaría algunos días más tarde para acompañarlo.

La historia de Pitt en Mendoza es ampliamente conocida, pero vale la pena recordar algunos de los aspectos vividos en esos momentos.

Su estancia permanente fue en El Cortijo, una gran casona de estilo español ubicada en Chacras de Coria, cuyo alquiler costó  en ese momento unos diez mil dólares mensuales. Muchos días el actor también  vivió en el Regimiento 16 de Infantería de Montaña de Uspallata.

El joven buscaba paz y tranquilidad, pero no fue fácil lograrla, pues sus fanáticos, en especial mujeres, trepaban las murallas de la casona en Chacras o lo seguían por Uspallata.

En la casona debieron modificar la altura de las paredes medianeras, primero con alambrados y tela media sombra, pero luego con chapas soldadas, toda una estructura que evitaba que las chicas escalaran y espiaran al actor y su novia.

Es cierto, Mendoza se revolucionó.

Brad pasaba también largas horas en la zona de Uspallata, su personaje en la película era el de Heinrich Herrer, un alpinista austríaco que en la década de 194O conoció al Dalai Lama, de quien recibió una decisiva influencia espiritual y filosófica que lo marcaría durante toda su vida.

El film costó poco más de 60 millones de dólares y fue dirigido por el francés Jean Jacques Annaud, famoso por sus trabajos en películas como El nombre de la rosaEl amante.

De pronto, Uspallata se convirtió en Lhasa, la capital del Tíbet. Allí los actores, la producción, los ayudantes y todo el equipo pasaban horas y horas trabajando, incluso almorzaban y tomaban sus continuos snacks.

Este despliegue de personas y los   alimentos que se necesitaban para su mantenimiento hizo que sucediera lo que habitualmente ocurre en Argentina: muchos perros comenzaron a acercarse para tratar de obtener un bocadillo o hacerse de algún desecho de comida.

Pitt es sensiblemente un amante de los animales, es habitual verlo acariciar a estos perros vagabundos. En Mendoza, Brad se encariñó con varios de los perros que a diario aparecían por el set de filmación. En total fueron 13 perros los que recogió en la zona de Uspallata, pero no sólo para alimentarlos, sino también para darles atención médica y ubicarlos en hogares responsables. Para cumplir con esta tarea, mandó a reacondicionar un camión que sería utilizado para el traslado de los animales hasta la clínica veterinaria de Sergio Biglieri, en Chacras de Coria. Entre los animales se encontraba un dogo argentino que le regalaron al actor.

Cotidianamente llegaba el “canil móvil” hasta la clínica veterinaria en el distrito lujanino y los animales eran atendidos según sus necesidades.

PITTDOG“Mi primera experiencia con Brad Pitt fue una terrible envidia, porque cautivó la atención de todas las mujeres de la zona. Pero después de a poco empezamos con mis colegas a valorar lo que era como persona y su comportamiento con los animales”, comentó  el veterinario.

Según el profesional, un secretario personal del actor se acercó “para preguntarnos si estábamos dispuestos a atender médicamente los animales, con la única condición de que no se difundiera el tema hasta que Pitt se hubiese ido del país”. Esta fue la razón por la cual nunca se supieron más detalles de lo sucedido. Se conocía que tanto el actor como su novia se habían llevado perros a Estados Unidos, pero nada se sabía de esta obra de bien.

Pero la historia de Pitt con los animales no termina allí. Tras las respectivas operaciones, el actor  los regaló a algunas personas de Uspallata y a otras de Chacras de Coria, junto a una foto de él mismo con un agradecimiento. “Claro, el 99,9% de quienes adoptaron estas mascotas fueron mujeres, con tal de tener algo del actor…”, agregó Biglieri.

Tanto Brad como su novia Gwyneth aman a los animales, ellos mismos  se quedaron con un perrito que habían encontrado en la calle muy herido, otro callejero que se acercó a El Cortijo y un gatito mestizo. Antes de volver a Estados Unidos, regalaron uno de los perritos y el dogo argentino, en tanto que los otros dos animales se los llevaron con ellos al país del norte.

Pero antes de volver, Pitt estuvo haciendo algunas tomas de su película en Buenos Aires. Allí las crónicas periodísticas de la época cuentan que María José Gutiérrez Merode, gerente de Relaciones Públicas del Sheraton Buenos Aires y del Park Tower Buenos Aires Hotel en 1996, se sorprendió, junto con los directivos y empleados del hotel, al ver que Brad Pitt ingresaba al hotel en compañía de los animales callejeros. «Nos pidió una habitación exclusiva para mascotas, al mejor estilo Pets Friendly Hotel”, contó la mujer. Luego, las mascotas volaron junto con su dueño a Los Ángeles.

Biglieri no dejó de reconocer la actitud del actor en Mendoza, incluso, dijo que sus asistentes aseguraron que esta era una práctica habitual de Pitt en cada lugar adonde viajaba para filmar sus películas. De hecho, en su residencia en Estados Unidos tiene un shelter (refugio) en donde mantiene los animales hasta que son castrados y entregados también en adopción.

Sacamos a la luz esta historia, que ya tiene sus años, porque muy pocas personas la conocían completamente y porque, justamente, hace algunas semanas, tras un decreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se prohibió la eutanasia de los animales tales como perros y gatos callejeros. Pero para poder controlar el desenfrenado crecimiento de la población canina en las calles de todo el país, además se ordenó que desde los organismos públicos provinciales y municipales se disponga de partidas para la castración de los mismos.

Sobre este tema, el veterinario Sergio Biglieri aprobó tal determinación, aunque consideró que “hay que trabajar en dos frentes, uno es de acción directa, castrando tanto machos como hembras; el otro frente es trabajar en medidas que sean una decisión de Estado, es decir, educando desde la escuela, para que los futuros adultos tomen la conciencia que nosotros en nuestra época no tuvimos”.

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